Qué ganas de llorar
- Vale Alarcón
- 19 sept 2020
- 5 Min. de lectura
Hace ya 6 meses que estamos en "cuarentena", hace tanto tiempo que muchos seguimos encerrados en casa, que seguimos sin ver a nuestros amigos, que no salimos a ningún lado y que no convivimos con nadie al exterior. Han sido los 6 meses más extraños de la vida, por momentos el tiempo se va volando, por ratos parece una eternidad. Hay mucha gente que ya regresó a su "vida normal", hay gente ya saliendo a la calle sin cubrebocas, hay muchos yendo de fiesta y de casa en casa. Y siempre me pregunto, ¿cuándo acabó la enfermedad que yo nunca me enteré?
Estos 6 meses me he mantenido ocupada, le he visto el lado bueno a este encierro, a las nuevas oportunidades de empleo, de desarrollo profesional, de crecimiento profesional. He buscado todo tipo de programas, cuentas de insta, podcasts y demás que me ayuden a crecer, a profundizar en mí misma. Y a la vez he compartido contenido en mis cuentas de instagram para ayudar a mis seres más queridos y otras personas, que también he querido con el tiempo porque son fieles seguidores de ambas cuentas, a ser mejores personas, a buscar ser la mejor versión de ellos mismos. Me han visto reír, echarle ganas, aprender, dibujar, lijar muebles, ver series, bailar, hacer el ridículo, pero muy pocas veces me han visto llorar.
Llorar es de las cosas que, después de la risa y cantar, me gusta hacer más. Cuando lloro mi alma se limpia, me siento como si me quitara ese nudo en la garganta. Cuando lloro suelo reflexionar sobre lo que siento. Llorar me restaura. Mucha gente dice que los que lloran son débiles, que son dramáticos, que son muy sensibles como para aguantar en la vida, pero si supieran el valor que implica llorar para muchas personas, dejarían de decir estupideces.
Muchas veces nos toca ser responsables de cosas importantes, de personas de situaciones, porque queremos o porque se nos ha encargado esa misión. Y en esas ocasiones nos toca dar el ejemplo, nos toca mantener la cara en alto, nos toca mantenernos fuertes y ser la cara de la esperanza, y esto puede provocar mucho estrés, mucho cansancio y también implica muchas veces reprimir ciertos sentimientos. Claro que se disfruta el proceso, claro que se disfruta la misión, la responsabilidad, incluso muchas veces el sufrimiento que se puede sentir pasa y se va rápido, porque se ama mucho la tarea. Pero eso no significa que no den ganas de sufrir, de lamentarse, de llorar; es parte de ser humanos, sentir.
Estos 6 meses sería muy impactante decir que he llorado más de lo que se podría llorar en muchos años, pero les mentiría si les digo que he sufrido mucho como para llorar. La verdad me he sentido muy bendecida en muchos aspectos de mi vida y de las personas así como de las cosas que Dios me ha dado. Pero lo que sí es verdad es que estos últimos meses he reprimido mucho mis sentimientos, por la auto carga que me he puesto de ser ejemplo, de ser la fuerza de quienes no son tan bendecidos como yo. Y en ese reprimir mis sentimientos también me he alejado de mucha gente, me he alejado de personas, me he aguantado estas ganas de llorar, que qué ganas de llorar tan grandes tengo. Qué ganas de gritar, de recostarme en mi cama y llorar y llorar; de ver una película con un litro de helado y llorar.
Y cuando lloro, cuando por fin me doy el tiempo me siento inútil al pensar que tengo todo para ser feliz, que hay gente que realmente la está pasando peor que yo. Pero si algo he aprendido estos últimos meses, es que las luchas que cada quien son diferente; que habrá quienes lloren por falta de comida, por falta de dinero, por falta de amor. Y se vale, se vale llorar, se vale sufrir de pronto lo que nos duele, se vale llorar a alguien que extrañamos, incluso se vale llorar cuando alguien nos hizo daño, se vale llorar una pérdida, llorar por aquellos momentos que fueron y los que no pudieron ser. Porque cuando lloramos por dolor es porque anhelamos y no obtenemos, y anhelar cosas es bonito, es bonito soñar, soñar en grande es tan valioso que por eso duele tanto.
Y una vez que entiendes que se vale llorar, que se vale sufrir y que se vale sentirse inútil un rato, entiendes que también se vale levantarse de la cama, se vale luchar por esos sueños que anhela tu corazón, se vale ir tras aquello que te hace sentir vivo. Me gusta imaginar que cuando lloro me veo desde fuera y me acompaño a mí misma, me consuelo y me doy esos ánimos que sólo yo me puedo dar. Verme desde fuera me ayuda a intentar ver lo más profundo de mí, por eso cuando lloro reflexiono, sobre quién soy y quién anhelo ser, sobre por qué sufro y encontrar la manera de vencer lo que me detiene en la cama del sufrimiento. Esa reflexión es la que convierte esas lágrimas de dolor en lágrimas de esa que sanan, que limpian el alma.
Ahora, razones para llorar hay muchas. Un desamor es el título más recurrente en la primera plana, un fracaso laboral, una malísima calificación, una pérdida de un ser querido, un desastre natural (mucha gente suele ponerse sensible con eso), un regaño, un susto. Hoy lloro mi vida en Cholula, lloro los momentos que extraño con mis amigos, las salidas y las idas a clase, extraño saludar gente en los pasillos de la universidad, extraño ver a mi crush (no es lo mismo ver su nombre en blackboard), extraño caminar de mi depa a la uni, de salón en salón, toda la 14 en las noches del fin de semana. Extraño andar en bici por Cholula, extraño levantarme "temprano" para arreglarme y tardarme más de lo planeado para salir rápido en bici y llegar a clase de 7am en HU, extraño convivir con gente de todo tipo. Extraño mi independencia como foránea. Extraño salir, sentir el aire fresco fuera de la casa, extraño tantas caras desconocidas en un día y aquellas que anhelaba ver en cada clase.
Qué bonito es llorar cuando extrañas a alguien, porque uno se da cuenta del amor tan grande que hay dentro de uno mismo. Porque cuando extrañas recuerdas, y entre más recuerdos tienes más vivo te sientes. Podrás querer eliminar los recuerdos "malos" o tristes, aquellos recuerdos "feos", pero te diré que esos a veces nos ayudan mucho a crecer. Por otro lado, aquellos recuerdos "buenos", felices o lo más hermosos para ti, te renuevan el alma, te reinician la vida, te dan esperanza y cada lágrima vale esa esperanza de volver, de ver de nuevo a tus amigo, de seguir soñando grande, de no darse por vencido.
Cómo me gustaría que esto acabara pronto, que pudiera salir de nuevo, que pudiera regresar pronto a Cholula y ver a mis amigos. y reírnos juntos de nuevo. Cómo quisiera a veces no ser tan obediente y salir como todos los demás, pero por encima de mi obediencia está mi amor, y porque amo a mi familia me cuido, porque amo mis sueños me cuido, porque amo a la gente me cuido (aunque yo les valga madre a la mayoría de esa gente), porque amo la vida, mi vida y la vida de los demás me cuido. Y si lloro porque ya me harté, bueno ya tendré unos brazos dónde acurrucarme, o no, pero me tengo a mí por ahora, para mirarme y recordarme que pase lo que pase, puedo llorar un ratito y luego seguir echándole ganas con una energía renovada.
Gracias dolor, gracias sufrimiento, gracias corazón de pollo por dejarme sentir, amar y llorar.
¡Qué ganas de llorar y qué vida!

.png)



Comentarios