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Vives con el pasado que no te gusta

  • Foto del escritor: Vale Alarcón
    Vale Alarcón
  • 26 abr 2020
  • 5 Min. de lectura

Hace unos días estaba hablando con mi papá, le contaba cómo me sentía últimamente, le contaba sobre mis deberes y mis responsabilidades actuales, lo que me gusta hacer, lo que he empezado a intentar hacer y también lo que he dejado de hacer. Sobretodo, le contaba de cómo mi pasado me había transformado en la persona que soy ahora, pero no todo mi pasado, pues en ese momento sólo estaba hablando de una parte de mí personalidad, el por qué de que no tenga miedo a ser yo misma.


Gran paréntesis: No es una historia 100% bonita esta de mi pasado, pero en definitiva es una historia de la que al parecer mi papá no estaba enterado de nada. Aunque en realidad casi nadie porque de pequeña yo me guardaba muchas cosas, pocos saben mi historia completa, la real, la que no es rosa, y muchos no la creen. Pero no es nada malo en realidad, el pasado no es importante sino le sacas provecho en un futuro. Afortunadamente le he sabido sacar el jugo más dulce y por eso soy quien soy.


Mi papá siempre me vio como una niña imparable, fuerte y segura de sí misma, valiente, estudiosa, aplicada más que nada; pequeña pero con un gran corazón. Sin embargo, por más buenas calificaciones que tuviera, por más valiente que fuera en el basketball y por más amigos que pudiera tener, Vale Alarcón era la niñas más tímida, la niña con menos autoestima y la pequeña que sufría bullying. "¿How? ¿Si hacías todo?" "Nada le faltaba a Vale Alarcón". Pues como siempre hay malos en un cuento, en el mío no faltan, es más me sobran malos y villanos si quieren uno se los regalo con gusto. La gente envidiosa hace mucho daño, y va a buscar la manera de tirarte al suelo mientras le sea posible.


Aún cuando en la escuela se me aplaudía por mis logros académicos y deportistas, mi salón parecía recibir siempre noticias diferentes. Había ciertas niñas que me miraban con otros ojos, mi familia nunca ha sido la más adinerada y para mí eso no era un problema, pero lo era para ellas. Como si fuera un pecado que compartiéramos el salón, en ese entonces Vale no tenía la fuerza suficiente para darse valor a ella misma e ignorar el trato hacia ella, así que los comentarios como: "naciste para ser nuestra sirvienta", "tu deberías barrer el patio", "¿cómo no sabes barrer si a eso te vas a dedicar", eran frases que me dolían mucho. Revelar el nombre, lugar y fecha de la situación no tiene mucho caso; está superado, pero es importante para mí contar esta parte de mi historia para que todos aquellos que pasan por lo mismo sepan que no están solos y que hay una esperanza.


Al momento en que mi papá escuchó que saqué al tema estos sucesos, se sorprendió mucho. Yo no esperaba un consuelo de su parte, en primer lugar, ya era demasiado tarde para eso, y en segundo, el hecho de contar esta parte de mi vida no es para que la gente me tenga compasión sino para demostrar que el pasado puede doler, pero siempre se aprende de él (como lo dice mi buen Raffiki en la película del Rey León). Le conté esa parte de mi pasado como un ejemplo de muchos en mi vida que me han hecho darme cuenta que debo valorarme a mí misma, y que afortunadamente lo he ido logrando poco a poco. Al terminar de contarle, él no estaba muy contento, su expresión facial de escucha se había tornado en una expresión de molestia y desagrado. Me dijo, literalmente: "Creo que vives en tu pasado, en el pasado que no te gusta". A lo cual contesté nada porque no me dejó hablar...


Aquí no acaba la historia pero mi primera reflexión, y lo que quería contestarle, es: No se trata de vivir en el pasado que no nos gusta, sino de hacer de la peor desgracia tu mejor victoria. Cualquier persona cerrada para sí misma pensaría lo mismo que mi papá, y es que nos da tanto miedo ver dentro de nosotros que creemos que nos haremos daño al recordar este tipo de situaciones tristes o dolorosas del pasado, cuando en realidad hay que atacar la herida para poder curar el cuerpo.


Total que así fue lo que me dijo - "vives en el pasado que no te gusta". No saben cómo me ha dado vueltas en la cabeza, ¿será cierto? Total que no, no es cierto, pero luego dije: "No de mi parte, pero ¿y de la parte de él?". Hace unos momentos me decepcioné demasiado, porque al parecer sí hay gente que mantiene en la mente tus peores comportamientos del pasado, ese tipo de actitudes que tú has dejado de tener porque sabes que están mal pero que la gente recuerda como si fuera lo único que hay dentro de ti.


Durante mi año de colaboradora aprendí muchas cosas, me di cuenta de muchas faltas que cometía de a diario, me topé con mis errores y mis pecados. Enumerarlos sería alargar mucho esta historia, pero algo que es muy cierto es que las consagradas, en su perfección y amabilidad pura y honesta, me escucharon y de la manera más paciente me ayudaron a superarme a mí misa, me ayudaron a ser más como María y menos como yo. Lo triste es que pasan estas cosas, que la gente no cree que realmente hay un cambio en ti, y te encuentras en una vía con 2 caminos, uno el de mantenerte firme en tus nuevas decisiones y el otro de la frustración por el rechazo de los demás a la versión mejorada de ti. Y es que por más que uno use el pasado para superarse, siempre habrá alguien que lo use en tu contra.


Reflexión número 2 y ya para terminar: No tienes por qué rendirle cuentas a nadie. A veces pasamos mucho tiempo viendo de qué manera los demás pueden notar que hemos cambiado, o no es que pasemos tiempo en eso pero nos ponemos triste o nos enojamos cuando alguien no se da cuenta que hemos cambiado y que queremos dejar de ser, hacer o tener los malos hábitos o actitudes del pasado. No te preocupes por su opinión, a fin de cuentas el cambio deber ser en pro de ti mismo, no de ellos, ni por ellos. No te amargues porque las personas no puedan ver tu mejor versión, si ellos no quieren conocerla ya no va a depender de ti, tu mantén firmes tus principios y tus ideales, primero tu paz y al carajo con lo demás.



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